10 sep. 2008

Mil y una caras


Decimos que el cuerpo es la tarjeta de presentación de nosotros mismos,
y en particular, el rostro aparece como signo cargado de significación que nos comunica con el mundo exterior.

¿Cuántas veces queremos escudriñar en el rostro de una persona para saber lo que está pensando?; ¿para aseverar la certeza de los que nos dice?; ¿para conocer a fondo sus sentimientos con respecto al mundo y sobre todo con respecto a nosotros?

Según George Simmel ....."El alma habita tras los rasgos del rostro".

La afectividad se expresa a través del rostro. El guiño de un ojo, el ceño fruncido, la apertura de la boca, los labios distendidos o tensos, la mirada (llana, esquiva, severa, amorosa) expresan en una configuración total los sentimientos e ideas.

A través de la mirada habilitamos el encuentro y la comunicación con otros. Nos reservamos la posibilidad de dejar entrar nuestro mundo interno a los demás si la expresión es llana o esquiva.
Una mirada difusa o turbia, en un rostro cerrado al contacto con los otros mantendrá cerrada la posibilidad de hacer visible lo no visible (mundo afectivo).
Una mirada amigable en un rostro abierto a lo social posibilitará el encuentro y el intercambio de nuestro mundo interior con el de los otros.

El rostro como todo nuestro cuerpo se va construyendo en la experiencia de intercambio con el otro. El otro califica, de alguna manera, nuestras expresiones y va participando en la construcción que vamos haciendo de nosotros mismos.

Como siempre, nos valemos de afirmaciones que nos ayudan a entender de qué hablamos cuando nos referimos a lo corporal, y a la vez, nos dejan siempre el interrogante de cuánto podemos acceder al otro a través de lo que representa su cuerpo.


Para encontrar respuestas que nos satisfagan nos queda la experiencia. Poder percibirnos cuando estamos con los otros es la clave.


Grupos
Lunes 19:00 (adultos)
Martes 16:00 (adultos)
Miércoles 18:00 (Jóvenes y adolescentes)
Jueves 19:00 (jóvenes y adolescentes. Grupo en formación)