30 jun. 2011

...."Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo."..Jornada en el Solar y data

 En Expresión Corporal-Danza trabajamos desde la sensibilización del cuerpo a través de la técnica de la Sensopercepción

 

Introduccion a Experiencia Somatica

   Experiencia Somática es  un  abordaje desarrollado por Peter A. Levine, Ph.D. , para la resolución y cura del trauma.  Basada en la tradición de educación somática y psicoterapias de orientación corporal; en los estudios neurofisiológicos de la interconexión: cuerpo-cerebro-mente; y la etología que nos proporciona  información sobre el comportamiento instintivo de los animales frente a las amenazas inevitables del medio.
La herramienta principal es  la SENSOPERCEPCIÓN,  que nos permite rastrear a través de la atención  hacia determinadas respuestas corporales con el objetivo de facilitar el proceso auto -regulatorio del sistema autonómico.
El campo de las aplicaciones del SE es muy amplio  para los profesionales de la salud y ofrece herramientas propicias para la resolución del trauma e intensificar la integración humana. Es especialmente efectivo en el tratamiento del TPT como resultante de situaciones tales como:   agresión (física, sexual, verbal, emocional), accidentes (automovilístico, de trabajo, caídas), secuestros, asaltos, procedimientos quirúrgicos invasivos, accidentes por  intoxicación, inmovilización prolongada, enfermedades graves, vivencias o   testigo de violencia.
“La estructura del trauma, incluyendo la hiperventilación, la disociación y el congelamiento,  tiene sus raíces en la evolución de las conductas de sobrevivencia “depredador – presa”. Los síntomas del trauma son, fundamentalmente, el resultado de una respuesta biológica de defensa, altamente activada e incompleta, congelada en el tiempo. Facilitando el descongelamiento de tal respuesta,  y luego su  finalización, el trauma puede ser remediado”.                       Peter A. Levine


En su Nuevo libro: “In an Unspoken Voice: How the Body Releases Trauma and Restores Goodness, Peter A. Levine,  explora las interconexiones entre la neurofisiología evolutiva, comportamiento animal y el trauma. Basando este libro en sus más de cuatro décadas de trabajo clínico y la investigación médica, el Dr. Levine explica la importancia de las estructuras de base neurológica de las llamadas zonas primitivas del cerebro en relación al trauma, y ​​cómo, utilizando las sensaciones corporales, este trauma puede ser curado.
In an Unspoken Voice: How the Body Releases Trauma and Restores Goodness
Peter A. Levine. North Atlantic Books, 2010

Toda la info: http://experienciasomatica.wordpress.com/

29 jun. 2011

Cómo llego al Solar. En auto y en micro


En ómnibus:
Tomar micro”Plaza” nº 129 (cartel: por Centenario) en Plaza Miserere, (casi esquina Bme Mitre y Av. Pueyrredón).
Boleto $5. (Caseta de boletos línea Plaza)
Se viaja hasta rotonda de Gutiérrez (ex Alpargatas)
Al bajar se toman hasta la puerta del campo un remisse ($25)
Sugerencias:
Estar a las 9 en Once para poder compartir el gasto del remisse de la rotonda
El 129 también sale de Plaza Constitución.
En la rotonda hay un colectivo de línea. El 324 nº 5 que llega hasta El Peligro. (no lo sugiero porque pasa con muy mala frecuencia).


Tomar la autopista Buenos Aires-La Plata.

Una vez en la Autopista vas a pasar dos Peajes. En el segundo peaje (Hudson) tomar a la derecha, hacia Mar del Plata (no a La Plata). A poco entrarás  en la Autovía 2 y seguirás hasta el Km 45 en que se comienza a ver carteles que dicen “El Peligro” (así se llama el paraje donde está el campo).
Luego -siempre a mano derecha- verás el edificio blanco de una veterinaria llamada “Estrella del Sur”. Comenzá a disminuir la velocidad  y en el Km 45,500 verás un cartel que dice "Buchanan".
Allí tenés que doblar a la derecha tomando el camino ancho, de tierra, y circulando por él 1800 metros, siempre derecho. Sobre la mano derecha verán una entrada típica de campo argentino, pinos centenarios formando un boulevard, un portón de seguridad, madera, nuevo, del que cuelga un cartel que dice "FUNDACION ACUARIO" "Solar del Aguador".
Allí tratá de abrir el portón o tocá bocina o llamá al celular de Rubén, que te pongo abajo.
(Si viniendo por la calle ancha de tierra te encontrás transitando una curva a la izquierda, te pasaste. El campo está justo antes de la curva.

Graciela156-133-4241
Cristina 156-685-3926
celular Rubén (encargado del campo) 156-658-1786



Entrada alternativa para días de mucha lluvia: entrar a la derecha en el Km 44,500 (un kilómetro antes de la calle ancha que se menciona arriba), y tomar un asfalto que pertenece al pueblito de “El Peligro” (calle 420). Seguir por ese asfalto hasta que se termina y es reemplazado por un camino duro, de calcáreo, seguro: nadie se encaja allí. 

Aquí va todo el cuento: El fin. Jorge Luís Borges

Jorge Luis Borges
(1899–1986)


El fin
(Artificios, 1944;
Ficciones, 1944)





         Recabarren, tendido, entreabrió los ojos y vio el oblicuo cielo raso de junco. De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente…
         Recobró poco a poco la realidad, las cosas cotidianas que ya no cambiaría nunca por otras. Miró sin lástima su gran cuerpo inútil, el poncho de lana ordinaria que le envolvía las piernas. Afuera, más allá de los barrotes de la ventana, se dilataban la llanura y la tarde; había dormido, pero aun quedaba mucha luz en el cielo. Con el brazo izquierdo tanteó dar con un cencerro de bronce que había al pie del catre. Una o dos veces lo agitó; del otro lado de la puerta seguían llegándole los modestos acordes. El ejecutor era un negro que había aparecido una noche con pretensiones de cantor y que había desafiado a otro forastero a una larga payada de contrapunto. Vencido, seguía frecuentando la pulpería, como a la espera de alguien. Se pasaba las horas con la guitarra, pero no había vuelto a cantar; acaso la derrota lo había amargado. La gente ya se había acostumbrado a ese hombre inofensivo. Recabarren, patrón de la pulpería, no olvidaría ese contrapunto; al día siguiente, al acomodar unos tercio de yerba, se le había muerto bruscamente el lado derecho y había perdido el habla. A fuerza de apiadarnos de las desdichas de los héroes de la novelas concluímos apiadándonos con exceso de las desdichas propias; no así el sufrido Recabarren, que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América. Habituado a vivir en el presente, como los animales, ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia.
         Un chico de rasgos aindiados (hijo suyo, tal vez) entreabrió la puerta. Recabarren le preguntó con los ojos si había algún parroquiano. El chico, taciturno, le dijo por señas que no; el negro no cantaba. El hombre postrado se quedó solo; su mano izquierda jugó un rato con el cencerro, como si ejerciera un poder.
         La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta, como vista en un sueño. Un punto se agitó en el horizonte y creció hasta ser un jinete, que venía, o parecía venir, a la casa. Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería.
         Sin alzar los ojos del instrumento, donde parecía buscar algo, el negro dijo con dulzura:
         —Ya sabía yo, señor, que podía contar con usted.
         El otro, con voz áspera, replicó:
         —Y yo con vos, moreno. Una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido.
         Hubo un silencio. Al fin, el negro respondió:
         —Me estoy acostumbrando a esperar. He esperado siete años.
         El otro explicó sin apuro:
         —Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos.
         Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.
         —Ya me hice cargo —dijo el negro—. Espero que los dejó con salud.
         El forastero, que se había sentado en el mostrador, se rió de buena gana. Pidió una caña y la paladeó sin concluirla.
         —Les di buenos consejos —declaró—, que nunca están de más y no cuestan nada. Les dije, entre otras cosas, que el hombre no debe derramar la sangre del hombre.
         Un lento acorde precedió la respuesta de negro:
         —Hizo bien. Así no se parecerán a nosotros.
         —Por lo menos a mí —dijo el forastero y añadió como si pensara en voz alta—: Mi destino ha querido que yo matara y ahora, otra vez, me pone el cuchillo en la mano.
         El negro, como si no lo oyera, observó:
         —Con el otoño se van acortando los días.
         —Con la luz que queda me basta —replicó el otro, poniéndose de pie.
         Se cuadró ante el negro y le dijo como cansado:
         —Dejá en paz la guitarra, que hoy te espera otra clase de contrapunto.
         Los dos se encaminaron a la puerta. El negro, al salir, murmuró:
         —Tal vez en éste me vaya tan mal como en el primero.
         El otro contestó con seriedad:
         —En el primero no te fue mal. Lo que pasó es que andabas ganoso de llegar al segundo.
         Se alejaron un trecho de las casas, caminando a la par. Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía. De pronto se miraron, se detuvieron y el forastero se quitó las espuelas. Ya estaban con el poncho en el antebrazo, cuando el negro dijo:
         —Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.
         Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.
         Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó. Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.

Jornada Expresión Corporal-danza en el Solar del Aguador. Resistencia y acción

...."Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música…" El fin, Jorge Luís Borges


A pleno Invierno seguimos trabajando para lograr resistencia y acción

E sábado 2 de julio vamos al Solar del Aguador para desarrollar la Jornada de Expresión Corporal-Danza.
A partir de las 10:00 podés llegar para comenzar el trabajo a las 11:00.
 Por la mañana: trabajaremos a partir de las técnicas de tacto-contacto, sensopercepción, comunicación, respiración y juego.Poner el cuerpo en movimiento.Sensibilización del rítmo respiratorio.
Por la tarde abordaremos temas relativos a los apoyos: seguridad e inseguridad; a la postura: pautas básicas para sentirse bien plantado y a la vez liviano; movimientos de locomoción:pasos de danza y diseños de danzas folklórics. Conexión con el planeta. Variaciones.

El cuento completo lo podés leer en: http://www.literatura.us/borges/elfin.html


MMe
 Al final: Meditación del Invierno a cargo de Graciela Berchesi
 
Te invitamos con verduras del lugar recién cosechadas, lleva tu vianda. Te esperamos con la chimenea prendida.



Dónde?

En el Solar del Aguador. El campo de la Fundación Acuario
Solar del Aguador: calle 425 y diag.236.
Ruta 2 Km 45.500.Abasto. La Plata

Arancel:$120
Aranceles especiales para alumnos y acompañantes.
Niños gratis. Confirmación previa de asistencia
No se requiere experiencia previa. Se suspende por lluvia.
Más info. de cómo llegar, datos de Cristina Soloaga y aranceles próximas entradas en:
Fotos del lugar de campo:  http://cid-f1742ec96e8bb446.photos.live.com/browse.aspx/Nuevo%20%C3%A1lbum


Cristina Soloaga
Escuela Nacional de Danzas
Instituto universitario Nacional de Arte. IUNA
Formación independiente en danza, teatro y canto
4903-0722  -         156 685 3926